Música Callada de Federico Mompou 

Música callada es considerada por algunos la obra maestra de Frederic Mompou . Fue compuesta entre 1951 y 1967 y se organiza en cuatro cuadernos. El título surge de los versos “…la música callada, la soledad sonora…” del Cántico Espiritual , uno de los poemas más destacados de San Juan de la Cruz . También se inspira en el impulso de encontrar ese silencio interior que tan claramente refleja el espíritu de Mompou a la hora de componer.

Comentario de un oyente de los que me parecieron una descripción de la música callada de Federico Mompou 

pedro a. cantero

pedro a. cantero hace 7 años (editado)

Una tarde nublada de esas que en los Andes sumergen monte y valle, atrapado por la gripe, abotargada la mente, escuché Música Callada de Frederic Mompou, interpretada por él mismo. Una de tantas. Pero esa vez, no sé por qué, me deslumbró la diferencia. Cuando él toca es otro el tono. Desde que tuve este disco en mis manos a finales de los años “70” supe que poseía un valioso tesoro. Entonces ya me parecieron tan sublimes la pieza como el tacto del interprete. Para mí indisociables. Sus dedos, sus inmensos dedos, no aporrean las teclas, las arriman, como el badajo a la campana del alba o el mazo del monje al gong de la oración vespertina. Sus arpegios elevan. En esta situación es lo único aceptable. Me procura serenidad y apacigua mis demonios. Cada nota ahuyenta todo mal, aporta claridad y confianza. Escribir conlleva el doble riesgo de la incongruencia y de la redundancia. Tan arduo como hacerlo sobre meditar, tan fatuo como discurrir sobre el aura, tan arriesgado como rozar el ala a una mariposa. Tanta es la sugerencia de su fraseo y su íntima resonancia que al describirla se esfuma la voz interior, la voz que resuena en los adentros. Él decía, “no puedo pensar la música, debo oírla”. Ahí radica el misterio, oír esa voz callada que solo habla al espíritu y el silencio que implica. El silencio escabullido entre las notas, un silencio que vibra mientras queda rastro de lo que precedió. Ese es el reto que se ofrece a quien escucha a Mompou, escuchar las pausas para oír como suena el silencio. Escucharlo en nuestra propia alma. Resonancias, disonancias de la misma vida. Música en estado puro.

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